ST. BARTHS: Mon amour!

St. Barths es uno de esos destinos que te enamoran con locura; te consiente, te apapacha, te trata bonito, te habla en francés y hasta te ofrece champagne (cuantas copas necesites para olvidar que no estás en el caos de la ciudad). St. Barths podría ser el amor de nuestras vidas salvo por un pequeño detalle: no es para siempre.

Pero bueno, te aseguramos que la pasarás mejor que con tu ex.

Saint Barthélemy (ya nos pusimos serios) es un cachito de Francia en el Caribe y tiene lo mejor de los dos mundos: playas paradisiacas y la mejor champagne. ¿Qué más puedes pedir? Gustavia, su capital, te recibe con los brazos abiertos en uno de los aeropuertos más chiquitos y amables del mundo. Llegamos en un avión de no más de ocho pasajeros y nos tardamos más en despedirnos de los pilotos que en pasar por migración. La pista para aterrizar en este paraíso siempre sale en las listas de “los 10 aeropuertos más peligrosos del mundo” pero la realidad es que es más espectacular que peligroso. Mirar por la ventana te dejará sin aliento y la isla te enamorará a primera vista.

La forma perfecta para pasar los días en esta isla es retando un catamarán que te lleve a conocer playas a las que únicamente puedes llegar por mar: nadar, beber champagne y repetir las veces que quieras. Réntalo por la tarde para que veas el atardece en la playa de Colombierr: es espectacular. Ese rincón de playa es accesible únicamente por barco y el agua es tan tranquila que puedes nadar sin problemas aplicando el estilo estrellita de mar (flotar panza arriba mientras las olas te arrullan). Champagne en mano (we meet again my sweet friend), atardecer de fondo y olas musicalizando la experiencia.

Otro plan (¿porqué limitarse si vida solo hay una?) es rentar un coche eléctrico (azul cielo y descapuchable #JustSaying) para un día completo de beach hopping!

Mar, sol y arena. Oh la la!

La isla es chiquita por lo que en un día puedes recorrer playas maravillosas como Gouverneur Beach, St Jean (podrás ver el aterrizaje y el despeje de los aviones), Grand Cul de Sac y Lorient con la parada obligada en Natural Delights para probar el mejor helado de la isla. Después puedes ir a comer o a cenar a Maya’s, aquí disfrutarás de un menú distinto (y espectacular) cada día y de una de las historias de amor más bonita del mundo: la de sus dueños.

No cabe duda, la vida es St. Barths es más sabrosa. Hasta que te toca tomar el vuelo de regreso y llorar un poquito. Pero bueno, aquí aplica la frase don't’ cry because it's over, smile because it happened! (No, no aplica con tu ex).

Cómo llegué:

Volé con Volaris de la Ciudad de México a Puerto Rico (escala en Cancún) y de ahí con la aerolínea TradeWind hasta St. Barths. La sensación de estar a tres vuelos de distancia de cualquier ex novio es increíble pero toma tus precauciones (agrega días a tu estancia) porque te tomará, más o menos, un día completo en llegar y un día completo en regresar (ingresen un corazón roto justo aquí).

Dónde dormí:

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