GUERRERO: Acapulco, una historia de corazones rotos y segundas oportunidades

El año pasado fui a Pie de la Cuesta en el estado de Guerrero (a 10 kilómetros de Acapulco) y quedé enamorada: playas hermosas, comida deliciosa, chelitas y mar. Fue gracias al recuerdo y la añoranza de la infancia (mi familia solía organizar viajes a Acapulco cada año cuando yo era chiquita) que decidimos ir una tarde a la famosa Costera en Acapulco y… fue horrible: las calles del centro estaban vacías, con un ambiente pesado que provocaba el sentimiento de 'sal de aquí ahora’ y estaban llenas de bares y antros de quinta en donde mujeres de no más de 16 años, atraían a los clientes para que entraran a verlas quitarse la ropa. No encontrábamos un sólo lugar para cenar rico, barato y tranquilos. Al final, entramos a uno de estos restaurantes que cobran en dólares y ofrecen Margaritas al 2 x1. Al salir, nos apuramos para tomar el coche y regresar a Pie de la Cuesta en donde la frase ‘en el mar, la vida es más sabrosa’ todavía era cierta.

El año pasado, Acapulco me rompió el corazón.

Este fin de semana, mis amigas y yo organizamos un viaje a lo que alguna vez fue la playa más querida de México y decidí darle a Acapulco una segunda oportunidad, pero fue como cuando te vas por una chela con tu ex: algo no está del todo bien y definitivamente, no es lo que era.

Rentamos en Airbnb, un departamento en la zona Diamante (no quería repetir la Costera experience) esperando tener la playa a nuestros pies y atardeceres increíbles y técnicamente los tuvimos: las playas de Puerto Marquez y Majahua nos quedaban a cinco minutos pero era imposible disfrutarlas gracias a la cantidad de basura que salía del mar y a la que la misma gente tiraba en su palapa: platos de unicel con salsa Valentina vuelan por todos lados, y es imposible encontrar un espacio de arena para echarte que no tenga corcholatas de cerveza ni bolsas de plástico.

Pero lo que sea de cada quien, los atardeceres sí son hermosos.

Decidimos agarrar el coche y manejar media hora hasta Barra Vieja, y no nos arrepentimos. Barra Vieja, siempre será una buena idea. Nos instalamos con nuestra hielera en el restaurante Tomasita en donde nos colocaron dos hamacas y nos dieron cocos de cortesía. La especialidad es el pescado a la talla que tú mismo escoges y te lo sirven a la hora que quieras con arroz, tortillas (las más ricas del mundo), limones y salsa. Ahí mismo nos ofrecieron un tour por la laguna que queda a cinco minutos caminando) para conocer los manglares y embarrarnos de barro, piel ♫ suavecita suavecita ♫ en cinco minutos. Lo planeamos para que al regresar nuestro pescado entallado nos estuviera esperando en la mesa con una dotación de chelas frías y el ruido de las olas musicalizando la experiencia. Heaven on earth!

Para los amantes de playas de olas grandes, palapas con hamacas, chelas frías, comida deliciosa y poca gente, Barra Vieja es una de las mejores opciones en todo Acapulco. Y sí me dio el sentimiento de que el tiempo no había pasado por aquí desde que mi familia me traía para enseñarme que las olas se pasan por abajo y que al mar nunca se le da la espalda.

Era tan bueno que no queríamos regresar al caos y a la suciedad de las playas de Acapulco pero teníamos una misión más: La Banana. Verán, hay dos o tres recuerdos de la infancia que casi todos los que nacimos en la Ciudad de México compartimos y uno muy especial es La Banana.

¿Qué es La Banana?

Un bote en forma de plátano con capacidad de hasta 10 pasajeros que te lleva a toda velocidad por el mar con el único objetivo de tirarte a la mitad del paseo. Sufres al tratar de volverte a subir pero es la única forma de regresar a la playa. El recorrido dura cinco minutos pero, cayéndote al mar, se puede alargar a diez.

¿Por qué amamos La Banana?

No sé.

¿Recomiendo subirse a La Banana?

Sí.

La Banana, sin embargo, no está en todas las playas acapulqueñas. La puedes encontrar en Revolcadero y en Puerto Marquez, y entre los dos males, Puerto Marquez es el menos peor: está sucia (muy) pero al menos puedes ir sin pagar $200 pesos por la palapa u $800 de consumo mínimo, algo que no puedo decir de el Revolcadero que está igual de sucia y atascada.

En conclusión, si deciden ir a Acapulco porque… Acapulco, les recomiendo quedarse mejor en Pie de la Cuesta o huir todos los días a Barra Vieja para disfrutar del mar y del pescado a la talla más delicioso del mundo. Y si son temerarios, La Banana siempre será divertida. Pero lo más importante, vayan con amigos, así sin importar cuántas bolsas de plástico pisen o platos de unicel con salsa Valentina se les estrellen en la cabeza, podrán reírse y disfrutar del viaje (momento cursi del texto).

¿Cómo llegué?

En carro por la Carretera del Sol desde la Ciudad de México. Son aproximadamente 4 horas y media.

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