JAPÓN: Guía para visitar Matsumoto

El arte del amor a primera vista no es tarea fácil (algunos, incluso, lo llaman imposible), yo soy bastante incrédula en cuanto a las personas, pero cuando de ciudades se trata, Matsumoto es capaz de enamorar a primera vista a más de uno.

Este rincón del mundo es ideal para conocer los alpes japoneses, la ciudad está rodeada de siete grandes picos como Yariga-take, Hotaka-dake y Norikura-dake y se localiza en un gran valle verde-que-te-quiero-verde por lo que al llegar, irás pegado a la ventana del tren admirando el paisaje y suspirando con las vistas. La ciudad es relativamente chiquita, por lo que desde la estación de tren podrás caminar sin problema a tu hospedaje. Yo me quedé en el Backpacker MATSUYADO hostel a 10 minutos de Matsumoto Station. Es un lugar chiquito, tienen solo tres habitaciones japan style (dile adiós a las camas y hola a los tatamis) y es muy acogedor: puedes pasar horas viendo todos los adornos y origamis que tienen en los muebles. Los cuartos son grandes y el baño es compartido pero como son sólo tres, no se hacen filas enormes a la hora de bañarte.

El castillo, primera parada, es el que hará que te enamores de la ciudad. Está hecho completamente de madera y es uno de los cuatro tesoros nacionales junto con Himeji, Hikone y Inuyama. Se terminó de construir en 1595 y gracias a que es negro, se le dio el nombre del Castillo Cuervo. Puedes subir hasta el último piso para admirar la ciudad con el sentimiento de estar en el mismo lugar, en donde varios años atrás estaban los samurais.

Al salir del castillo, piérdete en las calles de la ciudad y asegúrate de pasar por Nawate Shopping District, una calle llena de tiendas, comida y helados. Es muy cerca del castillo así que seguramente pasarás por ahí ya sea de ida o de vuelta. Después, dirígete a Nakamachi Street, la calle más vieja de Matsumoto. Es una linda caminata en blanco y negro en donde podrás encontrar souvenirs más finos y café más rico.

Una parada interesante es Matsumoto City Museum of Art. Esta ciudad vio nacer a una de las artistas japonesas más reconocidas a nivel mundial: Yayoi Kusama y el museo es un homenaje a ella; la exposición permanente cuenta con son sus obras más características y un recorrido por sus instalaciones de luz. Los que ya estén familiarizados con Kusama sabrán que los puntos son parte esencial de su obra y en el museo los encontrarás en todos lados como homenaje a la artista: en el baño, en la maquina de refrescos y hasta en las escaleras (incluso en la ciudad, algunos camiones están decorados con puntitos). Lo primero que ves al llegar al museo son flores gigantes con, tun tun tun, puntitos. Vale la pena perderse en la obsesión de Kusama una tarde.

Para terminar el día y antes de cenar, es ir a las faldas del castillo a ver el atardecer. A diferencia de otros castillos en Japón, el de Matsumoto no está lejos del día a día de la ciudad y está justo ahí entre tu hotel y tu cena. Esto significa que puedes pasar frente a él cuantas veces quieras, sin esfuerzo y gratis (lo que cuesta es entrar). Así que la experiencia ‘iba caminando y me encontré un castillo negro de madera rodeado de montañas justo cuando el sol se despedía’ es aquí o nunca. También vale la pena darse una vuelta en la noche para verlo iluminado ¡espectacular! Matsumoto, comparado con otras ciudades japonesas, es poco visitado así que sentirás que el castillo es para ti solito y que esa tarde, esa noche y esa vista, es sólo para tu ojos. Y sí, acepto que estoy defiendo el plan de visitar el castillo mínimo tres veces en un mismo día. Sí, sí y sí.

Entre helados, un castillo, puntos y una calle en blanco y negro, Matsumoto te enamora. Advertencia: la despedida de esta ciudad duele un poquito. Pero el amor es así y seguimos enamorados porque cada segundo, vale la pena.

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