CDMX: Turibus Mágico para curar el mal de amor

La Ciudad de México es una ciudad que siempre sorprende. No importa cuántas veces hayas caminado las calles del centro histórico, siempre verás algo nuevo. Alza la vista y las fachadas de los edificios te contarán una historia distinta. Observa con atención y un callejón que no conocías aparecerá ante tus ojos. Escucha detenidamente y el choque de los vasos de una cantina que no conocías te invitará a descubrirla. Magia, algunos le llaman.

Turibus es el medio de transporte por excelencia para los viajeros que quieren conocer los secretos que esta ciudad les quiere contar. Además de los circuitos principales, cuenta con experiencias únicas para descubrir a fondo la ciudad: los palacios que nos dieron el nombre de ‘La Ciudad de los Palacios’, cantinas tradicionales, museos, turiluchas (On my list!) y el nuevo favorito de Travenge: Turibus Mágico. Ideal para todos los que necesiten un poco de magia, limpias y paisajes bonitos para curar un corazón roto, lagrimeo de ojos y la sangre pesada de tu ex.

El recorrido inicia en el Zócalo (a lado de la catedral para ser exactos) a las 10 de la mañana (pueden comprar boletos 15 minutos antes de la hora de salida). Al subir, te reciben con la música del caracol y una limpia de olores.

La primera parada en el Palacio de la Inquisición, también conocido como el Antiguo Palacio de Medicina. Sus paredes guardan secretos horribles sobre la historia de este país pero también la magia de la medicina antigua. Un poco de romero y manzanilla para el alma. La leyenda cuenta que una mujer hermosísima fue encerrada en el calabozo de este palacio al ser encontrada culpable de brujería. Antes de ser llevada a la hoguera, ella dibujó un barco en la pared. El carcelero se asustó al verla vestida con un vestido hermoso; no entendía de dónde había sacado la ropa y las pinturas para dibujar un barco tan perfecto. ­–Solo le falta navegar, digo. Y la mujer, se subió al barco y navegó entre las paredes del palacio hasta desaparecer. Dicen que en las noches, todavía se puede ver al barco navegando.

La segunda parada es en el Templo Mayor. Uno de los rincones más bonitos de esta ciudad. Aquí fue el lugar en donde se encontró la piedra de Coyolxauhqui (Diosa de la Luna): cuando se enteró de que su madre Coatlicue,

estaba embarazada, conspiró con sus 400 hermanos para matarla. Pero, Huitzilopochtli (Dios de la Guerra) protegió a su madre y al nacer, arrojó a su hermana desde el cerro de Coatepec y persiguió a sus hermanos quienes ahoran se ven todas las noches brillando desde el cielo. El Templo Mayor es, sin duda, uno de los lugares más mágicos de México.

La tercera y última parada fue mi favorita: el Mercado de Sonora. Aquí todavía se pueden escuchar a los merolicos ofrecer remedios para el lagrimeo de ojos (¿tónico de uña de gato para no llorar?), sangre pesada y hasta para la tos. Caminar por los pasillos es un viaje a un México que no siempre se deja ver: estatuas de la Santa Muerte y la Virgen de Guadalupe conviviendo. Hierbas para sanar, el santo de tu devoción y cualquier tipo de disfraz. Incluso, osos de peluche gigantes para aquello de pedir perdón. Como dicen por ahí “entre más grande más culero fue”.

El recorrido termina en donde empezó y te vas con una de esas sonrisas que solo nacen cuando sabes algo que no todos saben: la magia existe y se puede respirar en las calles de esta ciudad.

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