BOLIVIA: De Uyuni con amor

Del blanco al verde, pasando por el rosa. El viaje por salar de Uyuni, al sur de Bolivia, rumbo a la frontera con Chile, es un viaje de colores. Un viaje de paisajes que te roban el aliento, un viaje en donde las estrellas la da el cielo y no el hotel. Un viaje que todos deberían hacer una vez en la vida; te recuerda que lo bonito que es esta esfera llamada Tierra.

 
La travesía empezó desde La Paz, de ahí salen camiones nocturnos (bastante cómodos) que te dejarán en el centro de Uyuni, un pueblo minero a las faldas del salar más grande e impactante del mundo. Llegas a las 6 de la mañana, mal dormido y sin café, y conforme tus ojos se abren y te abrochas los zapatos, entiendes que estás en un lugar con magia a punto de empezar un viaje no tan normal. Un viaje cuyo objetivo era encontrar un poco de paz y aire fresco para recargar las baterías agotadas por la vida de oficina y de ciudad, resultó ser mucho más que eso: un viaje en donde el planeta mismo será tu guía y te dará un par de bofetadas (con toda la razón, hay que admitirlo) por todas las horas que pasas viendo la compu y no al mundo. Puedes llegar a Uyuni sin planes de nada y encontrar el tour al salar ahí mismo: de un día o de tres, privado, con grupo, de ida y vuelta o solo de ida. Peeeeeeeero, lo mejor es llegar con algo claro y apartado. Yo lo hice a través denomades.com y me arrepiento de nada: tres días increíbles con un chofer bastante profesional, buena comida, buenos hostales y, transfer desde la frontera a San Pedro (esto es importante porque no quieren quedarse a la mitad del desierto esperando un camión que quién sabe a qué hora pase).

Un vez que bebí café, desayuné, me lavé los dientes, compré lo que necesitaba (agua para tres días, papel de baño, chocolates, nueces y barritas) estaba lista para conocer al resto del equipo, y subirme a la camioneta para ir a buscar quién sabe qué cosas.


Consejos para antes de tomar el tour:

1. Lleven el dinero exacto que necesitan porque en San Pedro no es tan fácil cambiar dinero boliviano. Consideren las entradas a los lugares (entrada a Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, 150 bolivianos por persona, entrada a Termas de Polques, 6 bolivianos por persona, entrada a Isla del Pescado, 30 bolivianos por persona). Más, 5 bolivianos por  cada ida al baño, hay una parada en donde se pueden comprar souvenirs y cerca del hostal de la última noche hay una tienda en donde pueden comprar vino y cervezas (guiño guiño). Consideren también el impuesto fronterizo que es de 15 bolivianos. Aproximadamente son 300 bolivianos los que hay que llevar para todo.
 
2. Metan en la maleta ropa térmica, botas o zapatos para trekking (no tennis), una buena chamarra, gorrito para el frío y traje de baño. El clima es extremoso así que piensen en capas: en la mañana se echan todo lo que puedan encima, en la tarde se lo quitan y en la noche se lo vuelven a echar.

3. Carguen bien sus celulares y su cámara, tengan en cuenta que las fotos de perspectiva en el salar lo mejor son los iphones (porque al colocar el celular en el piso, la cámara queda al ras).

4. Consideren bien las fechas: a principios de año (enero-febrero) es cuando se convierte en un espejo increíble por el agua y es como si el cielo fuera parte del piso. En esta época se puede dificultar un poco los accesos y en casos extremos, la visita a la isla el Pescado se cancela.

Dicho lo anterior, pasemos a lo bonito de la historia.

Día 1: blanco.

La primera parada es el Cementerio de Trenes y el pueblo de Colchani (aquí es donde se compran los souvenirs y el museo de la sal que más que museo es tiendita). Es interesante ver a los trenes abandonados desde hace años a la mitad de la nada, puedes subirte a tomar fotos y explorar los vagones. De ahí, te llevan a visitar los ojos del salar y la isla del Pescado (sí, una isla rodeada de sal pero sin agua). La isla te roba el aliento: lo único vivo son cactus de más de dos metros de altura y un mirador 360 del salar.

Estar rodeada de blanco, tiene su encanto.

 

 

 


Día 2: rosa.

 

Desde temprano, tu día se llena de lagunas de todos los colores: Chiarcota, Honda, Hedionda y Cañapa por mencionar algunas. La fauna: flamingos. Y sí, prepárense para tener más de cien fotos de estos elegantes personajes. El paisaje ya no es el blanco del salar, en su lugar tenemos al desierto de Sioli. Una de las paradas es en el Árbol de Piedra y acá lo más divertido es escalar todas las formaciones rocosas que te puedas encontrar (excepto el Árbol de Piedra, claro). Diviértanse y suban todo lo que quieran pero recuerden que después hay que bajar, y si son como yo, acá es en donde se puede complicar un poco el asunto…

Para terminar, el lugar más bonito del mundo: la Laguna Colorada. El paisaje te enamora: llamas caminando tranquilas a orilla de la laguna rosa llena de flamingos (alrededor de 30 mil, para ser exactos). Acá, se trata de caminar y dejarse sorprender. Una vez en el refugio, ve a la tienda por unas dos botellas de vino y platica con el resto de tus compañeros sobre la experiencia, las pláticas en lugares tan bonitos y tan lejanos de todo, son mejores.

Saberte a la mitad de nada rodeada de rosa, tiene su encanto.

 

 

 


Día 3: verde.

Antes de que salga el sol tendrán que estar vestidos con todo lo que llevan. Sí. Todo. Traje de baño, ropa térmica, buenos zapatos, chamarra, gorra, guantes y una bolsa de plástico. ¿El destino? Los Géiseres del Sol de Mañana, el espectáculo de vapores y agua que brotan de la tierra a 90 grados centígrados es más espectacular antes de que salga el sol. Les aseguro que será uno de los escenarios más raros e increíbles en donde podrán ver el amanecer. Al terminar, podrán bañarse en las Termas de Polques (hay en donde cambiarse pero si llevan el traje puesto desde antes, ahorrarán tiempo y  cinco minutos más en esa alberca natural, valen la pena). Al salir, es en donde la bolsa de plástico entra en acción para guardar todo lo mojado. Relajados y mojados, pasarán por el desierto de Dalí en dirección a la Laguna Verde a faldas del volcán Licancabur. Un paisaje digno para despedirse de este rincón del mundo tan particular.

Decir verde-que-te-quiero-verde a las faldas verdes de un volcán, tiene su encanto.
 

 

 

De aquí, no queda más que ir a la frontera, enseñar tu pasaporte y subirte a la camioneta que te llevará a tu próximo destino: San Pedro de Atacama.

 

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