YUCATÁN: De Mérida a Celestún pasando por Las Coloradas

Un viaje de Mérida a Celestún pasando por Las Coloradas.

El viaje inicia en Mérida, coche rentado y airbnb encontrado, fuímos a los cenotes de Cuzamá. Estos cenotes son poco conocidos y no taaaaan turísticos por lo que con un poco de suerte (como me tocó a mí) podrán disfrutarlos para ustedes solitos. Se encuentran a una hora del centro de Mérida y llegar a ellos es algo que Google Maps sabe hacer muy bien, y porque como es México, apenas sientan la sensación de “¿será aquí?” encontrarán a hombres parados en el camino ofreciendo el tour: ofrecen tres cenotes pero pidan el cuarto (el de pilón) y cobran $300 pesos por coche (no aplica coche sardina). Por seguridad (ahora les cuento por qué lo digo), lo ideal es ir de a cuatro personas. Una vez estacionados, el recorrido empieza a bordo de un ‘truk’, una clase de carreta jalada por caballos que va sobre una vía. Nosotras éramos cinco + los dos señores que nos dieron el tour = 2 caballos enojados y cansados que nos voltearon y tiraron al piso. No hubo daños graves, un par de raspones y mucha risa, peeeeeero la recomendación es seguir la recomendación de los guías (ellos también se cayeron).

DÍA 1: CENOTES DE CUZAMÁ El primer cenote es Chelentun y la entrada es por unas escaleras como de 20 metros en dirección al centro de la tierra que te dejan justo en el agua. Pueden nadar y ser felices cual lombrices. ¿La siguiente parada? Cenote Chacsincche, aquí bajas por unas escaleras hasta una clase de tarima en donde muy inteligentemente colocaron una cuerda para que los que quieran llegar al agua, sientan que vuelan primero. El siguiente cenote es Bolonchojo y su atractivo es que entre más te adentres, menos ves. El agua profunda en donde mejor puedes nadar es la parte más alejada, haciendo de la experiencia algo muy especial (todo mundo por cosas como ‘no-me-quiero-morir’, termina prendiendo la linterna del celular, mi consejo solo porque sí es colocarla de fondo hacía la pared y hacer show de sombras). El pilón, fue el cenote Xtohil (apenas lo están adecuando por lo que cuidado al bajar las escaleras), un cenote con más luz natural debido a que la cúpula es más abierta pero es igual de lindo y nadar en cenotes, siempre es bueno para el alma.

Ya lo tienen: uno de los secretos mejor guardados en Yucatán es la ruta de los cenotes de Cuzamá, los que mencioné son algunos, hay otros como Chak-Zinik-Ché y Bolonchojol en la zona, que aunque son más conocidos, no dejan se ser lindos. *El lugar cierra a las cinco de la tarde por lo que si llegan después de comer es más probable que no haya gente. Nadie es muy estricto con la hora de salida por lo que tampoco se tienen que preocupar por el tiempo, la regla es: si hay sol y ya estás adentro, todavía aguanta un poco más. Consejos para cenotear como Dios manda: -Antes de salir, protector solar. Siem-pre. No hay excusas en este punto. De nada. -Dejen todo en el coche. -Vayan en traje de baño puesto y toalla nada más. -Si son del tipo “foto-foto” traten de llevar una cámara contra agua o metan su cel en una Ziploc para evitar tragedias. -Yo soy del tipo que va siempre en chanclas pero llevar tenis no está de más. -Una vez en el cenote, si están solos, guarden silencio y escuchen. Una vez con el alma mojada de tanto nadar en este paraíso nos subimos al coche para regresar al centro de Mérdia. El final perfecto de este primer día es en La Chaya Maya: sopa de lima, taquitos de cochinita y agua de chaya. Disfruten.

DÍA 2: MOTUL, LAS COLORADAS, SAN FELIPE E IZAMAL Despierten temprano porque el desayuno lo vale: huevos de motuleños en Motul. Los mejores son los del mercado, el café es malo pero hay una cafetería junto al puesto de huevos que salva la vida de los cafeteros como yo. Dicen por ahí que los huevos motuleños fueron los que lograron colocar a esta pequeña ciudad en el mapa turístico. Y sí. Tortillas fritas con pasta de frijol con dos huevos encima, jamón, queso, chicharos y salsa de tomate. ¿El ingrediente estrella? Los plátanos machos con los que lo sirven. Pa chuparse los dedos y no estoy exagerando. Una vez con la panza llena y el corazón contento, ahora sí: Las Coloradas. Esta esquina del mundo es un lugar raro; por una parte es lugar muy famoso gracias a sus agua color rosa pero carece de hospedaje (el más cercano es en Río Lagartos). Gracias a los microorganismos y sales (lo que sí hace que el agua se vea rosa) tampoco es permito nadar. El punto en donde se toman todas las fotos, en realidad es propiedad privada por lo que la visita consta en ir, admirar el fenómeno, tomar la foto y partir. ¿Vale la pena todo el viajecito? SÍ.

NOTA: si se quedan un rato vagando, aparecerán personajes en cuatrimotos que ofrecerán tours para ver a los flamencos y el típico barro-maravilla-natural que cura todo. Buenas fuentes cercanas a mí dicen que el tour es lindo y que sí vale la pena. Yo preferí esperar a Celestún para ver a los flamencos (hay más). Ya con el carrete lleno de fotos rosas, nos dirigimos al poblado de San Felipe. Un pueblo famoso por sus casas pintorescas (y chiquitas). A la entrada se encuentra el cementerio y la cantidad enorme de flores falsas que lo adornan hacen que sea uno de los panteones más coloridos que haya visto. Acá pueden bajarse a caminar o simplemente dar la vuelta en coche. Regresamos a Mérida por el camino largo para pasar por Izamal, famoso por el convento amarillo de San Antonio de Padua. Izamal es un lugar particular por tener vestigios precolombinos (Kinich Kakmó), Coloniales (San Antonio de Padua) y contemporáneos. Compren una marquesita, conozcan el convento y piérdanse un rato en las calles amarillas del centro.

De regreso a Mérida, no dejen de pasar a La Chelería por aquello del calor (guiño, guiño). DÍA 3: CELESTÚN Una de las joyas yucatecas que no se pueden perder es Celestún: flamencos, manglares, ojos de agua y mar. <3 Es un lugar turístico, no se puede negar, pero una vez que estén sobre la lancha que los lleva a recorrer los manglares y a visitar a los flamencos, se olvida. Compren los boletos del tour directo en las taquillas para evitar malos tratos y déjense consentir por su guía. Terminando el viaje, manejen escasos 10 minutos al mar. Encuentren una mesa con sombra y vista a las olas, pidan unas cervezas para disfrutar la tarde. El atardecer siempre es un espectáculo. NOTA: la mejor época para ver a los flamencos es entre mayo y junio, aunque se pueden ver durante todo el año y el paisaje natural es hermoso siempre.

DÍA 4: CENOTE IK KIL Y HACIENDA TEYA El primer día los llevé a conocer cenotes escondidos, chiquitos y llenos de magia. El último día, pueden ir al cenote Ik Kil. Es uno de los cenotes más famosos (el de todas las fotos de google) y más turísticos. Es famoso con justa razón: es hermoso y enorme. Por lo que si van mentalmente preparados para el sentimiento de balneario natural, pueden disfrutarlo bastante bien. Como buen complejo turístico: hay baños, casilleros y vestidores por lo que pueden ir en la mañana antes de tomar su vuelo de regreso, cambiarse y llegar al avión como si nada. Si la onda de compartir un cenote con cientos de personas no los acaba de convencer, a lado está Chichen Itzá y conocer una maravilla del mundo, siempre es buena opción. Elijan lo que elijan, de regreso, pasen a comer taquitos de lechón y a beber agua de chaya a la Hacienda Teya (es a las afueras de Mérida y rumbo al aeropuerto).

Voilá! Un road trip de cuatro días por los lugares más espectaculares de Yucatán. Si tienen más días les recomiendo perderse por Valladolid. ¿Cómo llegué? Vuelo directo con Interjet desde la CDMX hasta Mérida. Y la ruta en coche fue así:

¿Dónde dormí?

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