PERÚ: Trekking Salkantay, día 3

 

 DÍA 3: TREKKING SALKANTAY 

 

Objetivo: 11 kilómetros. 

Tiempo estimado de caminata: 5 horas. 

Tiempo real de caminata: 6 horas. 

Tiempo dentro de una alberca natural a 45 grados: 3 horas. 

 

A esta altura del mundo (2.900 metros de altura), las mañanas inician con té de coca y esta no fue la excepción. El paisaje del día de hoy es totalmente distinto a los días anteriores; es verde –verdísimo– color selva. Selva alta, para ser exacta. Plantaciones de quinua y granada. Árboles de floripondio. Orquídeas. Cascadas. 

 

 

(El origen de la Quinua es en el Lago Titicaca pero su popularidad, sus atributos nutricionales y su capacidad para adaptarse a distintas condiciones hacen que sea posible verla en otras esquinas del Perú y del mundo. Al ser una buena fuente de proteínas, fibra dietética, grasas y minerales, se le considera una de las famosas “super foods” por lo que adquirirla ahora es mucho más costoso. Los indigenas, quienes ya la consumían desde antes de que se pusiera de moda, son los que más recienten este incremento de precio). 

 

Mis piernas, en contra de toda expectativa, no estaban tan adoloridas, mis pies habían retirado su huelga y daban un paso seguido de otro. Era como si el día anterior hubiera sido un sueño. Neblinoso. Al parecer, un baño de agua caliente y una noche de sueño en una cama, son buenas medicinas: descontracturantes naturales y analgésicos del alma (para que solo recuerdes el orgullo y no lo que costó). 

 

Hoy, el sol calienta, la altura no pega y los mosquitos atacan. Atacan violentos como si su vida dependiera de picarte. Estos no tan minúsculos insectos, jugaron a devorarme una y otra vez (🎵 devórame otra vez, devórame otra vez 🎵) convirtiéndose en mis demonios. Me dejaron las piernas y los brazos destrozados. ¿El repelente? En la puertita de mi baño en México, junto a mi crema de cuerpo y un desodorante extra. 

 

La humedad de la selva hace que sudes por lo que tienes que encontrar la forma de estar cómoda con una nueva forma de ser: pegajosa. 

 

El descanso en la Playa Sahuayacu (que no es playa de arena y mar sino un espacio despejado de pasto y aire), supo a granadilla: dulce, ácidita y con consistencia acuosa. Es prima hermana de la Fruta de la Pasión y del Maracuyá. (Todas son frutos de la Passiflora Edulis pero, –dependiendo del lugar, clima y estado de ánimo– hay muchas variedades). 

 

Aquí se termina la caminata del día y empieza el descanso, justo y necesario, que el cuerpo requiere. Tomamos un bus al refugio en Santa Teresa, en donde nuestra tienda de campaña nos esperaba, gracias al clima, la idea de dormir a la intemperie ya no asusta tanto (¿o será que el camino recorrido ya me había hecho más dura?)

 

El día es largo y antes de dormir, nos dirigimos a las termas de Cocalmayo, un balneario con tres albercas de aguas termales a distintas temperaturas (la más caliente está a 45 grados y la verdad, de esa no salí). Si la sola idea se sentía bien, adentro es la gloria; se siente cómo los musculosos empiezan a soltarse y, gracias a que el piso de las albercas está hecho de piedras, tus pies reciben un masaje completamente gratis. El cuerpo lo agradece y tu mente se relaja.

 

Volví a encontrar la paz en mi cabeza y agradecí la decisión de haber tomado el camino largo, el camino que me introdujo al caminar salvaje.

Desde una alberca a 45 grados, todo se siente mejor. 

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