Desperté con un hueco y fui a Oaxaca

Me nació un hueco.

No se hizo de un día para otro, fue un proceso largo. Tal vez años. Empezó chiquito, un par de palabras perdidas o mensajes que nunca se escribieron. Los huecos aman comerse cosas para hacerse más profundos y el mío empezó a tragarse besos para que nunca tocaran mi boca y abrazos para que tus brazos no estuvieran hoy. ¿Cómo se extraña algo que no fue?


(Te extraño)

A mi hueco no le bastaron comerse tus cariños y se comió mis ganas. Mis ganas de ser yo, de tomar café, de caminar, de viajar, de tostadas de atún. No sé cuántos días pasaron de “no ser”. De medio existir abajo de las cobijas oliendo a cerveza y a dolor de cabeza. De ser un vacío que a veces caminaba para no preocupar a su mamá. El hueco me comió enterita y se llevó las paredes, la vajilla y hasta la almohada.


(Te nada)


Supongo que le caí pesada a mi hueco porque me vomitó. La nada escupió pedazos de lo que yo era. De pronto ya había risas y comida china en la mesa. Había una ventana abierta y aire para respirar. ¿Cuánto tiempo pasé sin respirar?


Había un tobillo roto y mucho miedo a caminar. ¿Y si me encontraba con otro hueco con mejor digestión?

Poco a poco eso que se sentía como un hoyo se fue vaciando de mí. Me regresó cosas que ni yo sabía que tenía: una escoba para el polvo, las llaves de una nueva casa, pegamento para el peroné.


(Te no veo)


Ya soy yo pero no igual. Soy distinta. Un poco más triste y un poco más sincera. Soy una versión que se parece más a la real, a la que sé que soy pero nunca he visto. Mi peroné me ayudó a salir de la cama porque soy más yo sin el peso de las cobijas. Soy del tipo de mujer que se mueve ligera aunque hoy no me pueda llevar a Grecia. Las distancias largas me dan vértigo porque me faltas.

(Te falto)

Hoy el hueco me dio un regalo: tantitas ganas.


Y entonces escribo desde una ciudad que no es mi ciudad pero que está cerca: Oaxaca.

Le escribí al vacío que antes llevaba tu nombre e imagino que tú también te encontraste con otro hueco. Tal vez de otro tipo, uno vegetariano que se comió tus raíces y ahora vuelas.


(Te suelto) o al menos eso intento mientras pido una tlayuda y un mezcal en la calle de Murguía.






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