VALLE DE BERNAL: Dos copas de vino y vistas bonitas


Pasear. Andar. Ir. Pueblear. ¡Qué bonito es! Ver la carretera, llegar, comer gorditas. Dejar que el tiempo pase y no ver el reloj. Calles empedradas, aire más limpio y olor a pan. Salí a pasear, a pueblear y a echarme una copita de vino hecho en México. Todo empezó en la Finca Sala Vivé by Freixenet México en el municipio de Ezequiel Montes en Querétaro y terminó en las faldas de la Peña de Bernal. Un sábado chulo de bonito con los Paseos Culturales del INAH.

Por María Martínez Marentes

El paseo empieza en el Parque Hundido en la Ciudad de México, desde ahí tomas el camión tempranito y, después del café de carretera, te diriges a la Finca Sala Vivé by Freixenet porque nunca es demasiado temprano para probar un buen vino. El Valle de Bernal se encuentra a dos mil metros sobre el nivel del mar, y el contraste en la temperatura del día y la noche (25º vs 0º) lo hace una región favorecedora para la producción de la vid.

El paseo incluye una visita a la cava más profunda de Latinoamérica en donde sientes, con justa razón, que hay tesoros escondidos. Freixenet ofrece vinos tranquilos y espumosos. Un vino tranquilo es el que no tiene gas (burbujas) y quiero dejar claro que amé el término. Ahora iré por la vida diciendo que tengo antojo de un vinito tranquilo o, si la ocasión lo requiere, de un vino no tranquilo y burbujeante.

Al salir, te despiden con una capa de vino espumoso (no tranquilo) que bebes sin prisa con los viñedos de fondo. Freixenet es una de las mayores empresas exportadoras de vinos mexicanos y el 80% de su producción se le dedica a las botellas burbujeantes elaboradas con el método Champenoise (el mismito con el que se realiza en la región de Champagne en Francia, la diferencia es la denominación de origen).

Querétaro se ha consolidado como el segundo estado con mayor producción de vinos a nivel nacional (el primero es Baja California) y su vino insignia es el que no se sabe quedar quieto: el espumoso.

Tras una mañana con vino en mano, nos fuimos a pueblear a Bernal y ay, qué linda es la Peña: de origen volcánico, la lava que tenía en su interior se volvió solida por lo que podemos decir que la Peña tiene alma de fuego (de hecho, es la la lava y la erosión la que le dan la forma). La palabra "Bernal" es de origen vasco y se dice que los conquistadores se lo dieron para "denominar algún peñasco grande y alargado que se encontraba aislado". Desde 2013, está considerada como una de las 13 Maravillas Naturales de México. Los que gusten, pueden subir el tercer monolito más grande del mundo: La Peña. La subida no es obligatoria ya que exige un esfuerzo considerable, los que opten por no subirla, pueden caminar por las calles y admirar las artesanías de lana y manta (entre otras).

Bernal es una esquina del mundo que huele a bigotes con chocolate, a conchas y a pan de queso. Ofrece gorditas de maíz azul o blanco acompañadas de salsa de molcajete y nopales. Una rinconcito de calles empedradas en donde la vida es más bonita. Encontrar un café o restaurante de ensueño, sucede de manera natural. Pedí una cervecita para ver la tarde pasar. Desde casi cualquier rincón, la Peña le ofrece a tus ojos postales maravillosas.

Sin que te des cuenta, el sol se va e inicia el viaje de regreso a la Ciudad de México.

Esta es solo una de las muchas experiencias culturales que el INAH ofrece. En la página oficial de los Paseos Culturales, puedes ver todas las opciones que tienen. Solo elige el día que quieras escapar y voilá, un plan mágico aparecerá: monumentos históricos, zonas arqueológicas o visitas a lugares interesantes –histórica y culturalmente– de toda la República Mexicana. Déjate sorprender. ;)

Consulta la programación de los Paseos Culturales del INAH aquí.

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