Oaxaca: un viaje solo para una

Esta viaje inició antes de empezar. Verás, cuando te fuiste te llevaste mis ganas de viajar. O tal vez fui yo la que las olvidé en la mudanza. Era la primera vez en mi vida consiente que no quería ir a ningún lado, la idea del mar o las montañas de algún destino innombrable me daba vértigo. Incluso ir a la cocina me parecía lejísimos. Mi cabeza se volvió un lugar difícil de habitar, no se acostumbraba a un mundo en donde tú no estabas en mi cama y la sola idea de ir a Timbuktu sin ti se sentía como una traición a nuestro pacto de conocer el mundo juntos. Mi psicóloga lo llamo duelo y mi psiquiatra depresión. Yo lo llamé “mi derecho a estar tristísima porque te fuiste”.

Una amiga me habló de una escritora que se llama Elvira Sastre. En su libro “Días sin ti” ella menciona la trampa de querer olvidar a alguien que se fue. “Un mal homenaje”, le dice. En lugar de querer olvidar (cosa que además es misión imposible), Elvira habla de volver al sitio en donde ahora hay un hueco por la ausencia para tratar de habitarlo sin angustia y luego intentar regresar ilesos. Y *explosión mental*, ¡no te llevaste mis ganas de viajar, te llevaste mis ganas de volver! Esos meses en los que no salí de mi cama fueron un viaje a ese sitio que solíamos habitar. Un viaje angustiante del que claramente no salí ilesa. Supongo que tendré que regresar.

Fue ahí, en un momento de muchísima angustia, cuando compré el boleto. Las lágrimas ni siquiera me dejaban ver bien la pantalla para confirmar el día y esa es la razón por la que mi viaje a Oaxaca fue de 4 días y no de 3 como lo había pensado originalmente. Decidí hacer el viaje corto por respeto a mí. Baby steps, mi primer viaje sola después de ti.


Día 1

Volé muy temprano el viernes de la Ciudad de México a Oaxaca. No investigué ni averigüé nada adrede. Tú siempre planeabas todo y a este viaje no estabas invitado. Aterricé a las 9 de la mañana y pronto supe que para llegar al centro había que tomar un colectivo que cuesta $100 pesos. Todos le dicen el nombre del hotel al conductor y casi por magia, él no olvida nada y nos va dejando, uno a uno, en la puerta correspondiente. Un hombre como de 70 años hablaba por teléfono y todos nos enteramos que el volvía al pueblo porque su madre acababa de morir la noche anterior. La voz se le cortaba al aceptar, creo que era a su hermano, que no había logrado llegar a despedirse. Me dieron ganas de contarle la historia del hueco pero me contuve porque no soy del tipo que se pone a hablar con extraños.


Llegué al hotel y me sentí orgullosa de la decisión de quedarme ahí, la ubicación es perfecta, a unos pasos de Santo Domingo, es muy bonito (foto foto) y hay un roof en donde ponen música a todo volumen hasta las 11 de la noche. Lo hubieras odiado y eso era justo lo que quería, la certeza de la imposibilidad de que en algún punto, tú estuvieras aquí.


Selina Oaxaca

Aproveché para trabajar un rato, planeé tan poco este viaje que se me olvidó el pequeño detalle de que para poder pagar el cuarto del hotel bonito, una tiene que trabajar. Así que saqué la compu, pedí un café y trabajé un par de horas. Me sorprendí lo eficiente que fui, logré concentrarme y avanzar como hace meses no podía. Aplausos para mí.


Después de un rato cerré la compu y me salí a caminar sin rumbo. Y así, sin rumbo, llegué a uno de los barrios más bonitos de Oaxaca (y no lo digo yo, lo dice la revista Time Out del 2019 que incluyó esta esquina del mundo en su lista de “los 50 lugares más geniales del mundo”): Jalatlaco.

BARRIO DE JALATLACO

Este barrio es un pueblito dentro de la ciudad en donde casi todas las casas son de adobe y de cantera. Las banquetas son miniatura o inexistentes, sus calles empedradas y sus muros se visten de murales de todo tipo y colores. Caminar por aquí es una delicia, tus ojos no saben si mirar las paredes o hacía arriba, casi todas las calles están decoradas con papel picado de colores y hasta piñatas. Acá es el lugar perfecto para sentarte en alguna de las muchas cafeterías al aire libre. Yo pedí una cerveza porque tú ya casi no tomas.

BARRIO DE JALATLACO

BARRIO DE JALATLACO

Día 2

Antes de llegar a Oaxaca había reservado un tour a Monte Alban. Cancelé el tour en un arranque de locura y decidí contratar, exactamente el mimo tour, pero desde el hotel. Mi intención en algún punto era tratar de evitar la posibilidad de ir sola en el trayecto, quería que hubiera más personas para no tener que platicar con el guía. No sé por qué me angustiaba ir sola y tener que hablar con un desconocido. Y claro, pasó exactamente eso, llegó una mujer a recogerme con “la buena noticia” de que solo era yo. Traté disimular mi cara de decepción. Pero, como suele pasar cuando las cosas no salen como tú quieres, el tour personalizado terminó siendo exactamente lo que yo necesitaba que fuera. La primera paraba fue Monte Albán.

MONTE ALBÁN


No se sabe bien la razón del nombre, la historia que más me gusta es que los españoles que llegaron aquí, al ver las flores blancas de los árboles de cazahuate, recordaron los Montes Albinos de Francia y decidieron darle el nombre de Monte Alban en su honor.


Esta ciudad fue una de las más importantes de Mesoamérica y se construyó por allá del 500 a.C. Está ubicada en la cima de uno de los montes de los Valles Centrales de Oaxaca y fue la capital de los Zapotecos hasta que decidieron abandonarla porque eso es lo que uno hace cuando ya no está cómodo en un sitio: lo abandonas. Disfruté muchísimo caminar sin enterarme de nada, pederme entre piedras que solían ser palacios y maravillarme solo por el hecho de estar ahí.


La entrada cuesta $75 pesos y necesitas aproximadamente 2 horas para recorrerla (incluye el descanso post escaleras imposibles para subir la pirámide porque “I'm going on an adventure”)


MONTE ALBÁN

TALLER DE SUEÑOS EN ARRAZOLA


La siguiente parada es una de esas cosas que no sabes que las necesitabas hasta que llegas. Arrazola es un lugar del que nunca había oido hablar, al llegar parece no tener nada que llame mucho la atención, hasta que llegamos a una casa con el letrero “El Tallador de Sueños”. Uffff, que te tallen en madera y te pinten de colores para poder ponerte en el librero y sacarte cuando esto de extrañarte se vuelve insoportable (casi siempre son los lunes, por si un día me quieres escribir). Entramos y nos recibió un señor bien entrado en sus sesentas. Desde que entras a su casa sabes que no estás entrando a un lugar común. En los árboles, en el piso, entre las plantas, grandes, chiquitos, pintados y no pintados los ves: seres fantásticos tallados en madera. Grité, ¡alebrijes! y pues no. Isaías Jiménez me explicó que los alebrijes son de la Ciudad de México y que en donde yo estaba paraba es la cuna la talla en madera de animales fantásticos que había inventado su padre: Manuel Jimenez. Me contó la historia de cómo su padre, desde chiquito, soñaba con estos seres y los traía a la vida tallándolos en madera y luego pintándolos. Él conoció a Pablo Linares, un señor muy particular, que tenía una historia similar pero al revés: él tenía pesadillas con monstruos fantásticos y los traía a la vida con papel maché. Los alebrijes son la mezcla de estos dos mundos: sueños y pesadillas labradas en madera. Pero acá, hoy, solo eran los sueños que su padre le había heredado a él.


TALLER DE SUEÑOS

ANIMAL FANTÁSTICO

SAN BARTOLO COYOTEEC


Sí, llevaba meses encerrada en mi cama viajando en mi cabeza a un hueco. Pero por momentos salía y soñaba con cosas nuevas que hacer para esto de la “reintentada”. La reconstrucción después de un terremoto siempre trae cosas nuevas y uno de esos sueños como voy a buscar mi maestría y voy tomar clases de francés, era “voy a tomar clases de cerámica”. Por lo mismo, este tercer destino me hizo mucho gracia: la cuna del barro negro.


El barro es lodo. Es la mezcla de compacta y moldeable de tierra y agua. En San Bartolo Coyotepec hay un barro muy particular que al hornear, se hace negro. Me encantó ver cómo, gracias al torno, algo sin forma se transforma en vajillas, ollas, platos… Me hizo pensar en mí como una clase de arcilla. No me veo la forma todavía pero con práctica tal vez me pueda convertir en una taza. O la forma que más me convenga, hoy creo que una taza está bien.


Regresé a mi hotel bonito, me metí a bañar y bajé al restaurante a pedir una cerveza. Ya no porque tú casi no tomas, sino porque a mí me gusta cerrar un buen día con una chela. Y hoy, hoy fue un buen día.

Día 3

Desperté emocionada, la cama me escupió porque mis piernas querían salir a caminar. Me llevaron al Mercado 20 de Noviembre en donde pedí un jugo de mandarina delicioso y caminé hasta llegar a un pasillo lleno de humo que olía a tasajo. De regreso pasé por el Zócalo y me distraje, jugo en mano, viendo los distintos puestos en donde venden toda clase de chunches, artesanías y mi perdición: vestidos y huipiles. Estuve horas y no compré ninguno porque olvidé el dinero en el hotel. Pero solo verlos y imaginarlos en mi clóset me gusta. Me metí a un café enfrente de Santo Domingo y disfruté ver a las quinceañeras tomándose fotos. Ahora estoy de vuelta al hotel escribiendo esto mientras sonrío porque además de viajar, volví a escribir.

Gracias, Oaxaca.

Día 4

Todavía no pasa pero no importa; lo único que tengo que hacer es regresar.

@maria3emes

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Volé con Aeroméxico, el hotel bonito es Selina y el tour lo hice con @SienteOaxaca

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